13.07.2017 |

“Nudo”: un emprendimiento familiar con base en el macramé

Carlos Patrón, alumno de Dirección y Administración de Empresas, trabaja junto a su madre y su hermana en una iniciativa que tiene como resultado un producto tan antiguo como en auge

Una serie de hechos determinó el nacimiento de “Nudo”, la iniciativa en la que participa el alumno de la UM Carlos Patrón. Su mamá se jubiló y le encantaban las manualidades. Desde niña aprendió el arte del macramé, un tejido hecho a mano y elaborado con nudos. Con mirada emprendedora, Carlos estudió ese arte y vio que era una tendencia en el mundo. Decidió así comenzar un emprendimiento, al que se unió también su hermana, que estudió Derecho y, además de diseñar, colabora con la parte legal. En la siguiente entrevista, el estudiante de la facultad de Ciencias Empresariales y Economía habla sobre esta iniciativa familiar.  

¿Cómo surgió el emprendimiento?

A partir de algunas situaciones que se dieron en mi casa, una de ellas fue la jubilación de mi mamá. A mi madre siempre le gustó crear en su tiempo libre y hacer trabajos de manualidad, especialmente el macramé. Desde chica siempre tuvo facilidad, hizo cursos y siempre destacaba. Aprendió desde pequeña y me contó que se trataba de una tradición familiar, que venía del tiempo de las abuelas. Luego de ver que mi madre hacía macramé, empecé a interiorizarme en este mundo y se me ocurrió que podíamos hacer algo con eso, sobre todo por el boom que hay en el mundo, en Oceanía y Estados Unidos, por ejemplo. Me pareció bueno desarrollarlo en el país por ser una técnica que pocas personas dominan. Se sumó mi hermana y avanzamos en el emprendimiento: inventamos el nombre, hicimos una cuenta en Facebook y otra en Instagram y a la semana ya teníamos buenos resultados.

¿Cómo es el proceso de elaboración de estos tejidos?

Todas las piezas que hacemos son en un ciento por ciento hechas a mano. Yo me encargo del lazo empresarial, pero mi madre hace los tejidos a mano. Al ser a mano, una pieza nunca es idéntica a la otra y eso lo hace especial. Son piezas de autor, cada una con sus diferencias. El proceso comienza a partir de un dibujo que hace mi madre o mi hermana y después se teje con macramé, un tipo de tejido que es a base de nudos. Los tapices son hechos con algodón en un ciento por ciento, se teje teniendo como base un palo, una madera o una rama y el tiempo de elaboración depende del tamaño del tapiz. Para hacerse una idea, un tapiz tiene un promedio de cuatro días de trabajo.

¿Te parece que los uruguayos valoran este trabajo artesanal? ¿Hay mercado suficiente?

Sí, los uruguayos lo valoran y hay mercado. A las personas les gusta mucho estéticamente, pero al momento de pagarlo no lo valora tanto. La mano de obra o el proceso artesanal no se toma mucho en cuenta. En Uruguay, como en otras partes del mundo, estamos acostumbrados a los productos que vienen de China o de Asia y cada vez se valora menos lo que es a mano, porque sale más caro.

¿Cuáles son los roles que asumen cada uno en tu familia para llevar adelante la empresa?

Mi mamá diseña la mayoría de los productos. Estudia las tendencias y tiene nuevas ideas todo el tiempo. Una de mis hermanas también ayuda en los diseños y a tejer, pero como es abogada y escribana, colabora en la parte legal. Yo me encargo de la parte empresarial de la empresa, es decir de los números y de llamar a clientes y proveedores. También de ayudar a traer materiales para poder trabajar, a vender la marca y dar información a interesados.

¿Cuáles son tus planes a futuro?

En principio, seguir creciendo y vender con una perspectiva internacional. También agregar otros productos o accesorios. Nos gustaría que cuando se hable del tema se hable de nuestra empresa, de NUDO. Nos encantaría que sea referencia en la categoría.

¿Qué herramientas te dio la UM para este proyecto?

La UM me dio bastante y, gracias a que estudié Administración, pude desenvolverme bien en mi rol dentro de la empresa. Aprender a hacer buenos planes fue fundamental para atraer clientes, establecer metas y hacer números. Fue importante para concretar la empresa y cerrar el negocio. Me ayudó a pensar y a decidir. Los cursos de la UM fueron importantes para saber cómo presentarme a clientes, como tratar a los demás y cómo moverme en equipo. Me ayudan también el contacto y diálogo fluido con muchos de los profesores. 

Crédito foto: Olivia Pérez.